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Tensión precipitante del delirio
 
Ya desde las primeras descripciones de la paranoia se debate la presencia de estímulos desencadenantes del delirio v sus relaciones con el tipo de personalidad predispuesta.
En las reacciones paranoides,

  • por defini­ción existe algún evento precipitante, pero las causas de la emergencia del delirio en la para­noia quedan aún por determinar.

En el apar­tado de orígenes hemos abordado ya algunos factores psicológicos, sociales y orgánicos que favorecen la aparición de cuadros paranoides. Añadiremos aquí algunos datos más de tipo situacional y dinámico.
McKinnon y Michels (1973) han considera­do dos clases de tensiones precipitantes psi­codinámicas.

  • La primera consiste en la pérdi­da real, imaginaria o temida de objetos de afecto. Esto se produce en fracasos de adap­tación con pérdida de la autoestima. Pérdida de trabajo, fracaso matrimonial, perder un pleito, etc. serían situaciones relacionadas con esta descompensación.
  • La segunda con­siste en las situaciones que obligan al sujeto a someterse pasivamente a un asalto real o ima­ginario. Podríamos incluir aquí el aislamiento forzado que antes mencionábamos, las hospi­talizaciones para intervenciones quirúrgicas o en unidades de cuidados intensivos, lesiones_ inferidas en accidentes, situaciones pasivas de robo y ocupaciones laborales que exigen un papel pasivo de sumisión. En ocasiones, ambas situaciones precipitantes señaladas aparecen ensambladas.

 

  • Las enfermedades o afecciones que consti­tuyen una limitación de la capacidad de rela­ción, como ocurre tras intervenciones ocula­res o en sujetos disminuidos físicos, como los sordos, pueden precipitar el delirio.

 

  • Cameron (1966) sugiere 7 situaciones que favorecen el desarrollo de trastornos paranoi­des:
  • 1) expectativas de recibir tratamiento de tipo sádico;
  •  2) situaciones que aumentan la sospecha y la desconfianza;
  • 3) aislamiento so­cial;
  • 4) situaciones que promueven la envidia y los celos;
  •  5) situaciones que disminuyen la autoestima;
  • 6) situaciones que llevan al sujeto a ver sus defectos en los demás, y
  •  7) situacio­nes que incrementan las cavilaciones sobre posibles significados y motivaciones.

Cuando estos factores situacionales rebasan los lími­tes de tolerancia del paciente, se instaura el delirio, que empezará por una etapa de retiro del individuo de su mundo habitual de rela­ción y en la que se registra un notable grado de ansiedad y se produce después una crista­lización preliminar del delirio y una cristali­zación definitiva, en la que se crea la seudo-comunidad paranoide antes descrita.

Eduardo Montoro
Autor: Eduardo Montoro

Mi nombre es Eduardo Montoro, soy del 68, estoy casado con Graciela y tengo un hijo, Juan Manuel.
Tengo un largo recorrido académico, definido por un amigo como el viaje de Frodo, no porque sea como Frodo, sino por las peripecias que tuve que pasar, algunas en Italia otras en Argentina. En ese viaje obtuve varios reconocimientos académicos:
• Licenciado en Psicologia, Universidad Católica de Cuyo.
• Master en Psicología de Counselling, Università Europea di Roma
• Profesor de Psicología, Universidad de Mendoza
• Licenciado en Filosofía Sistemática con orientación Lexicográfica, Pontificia Università Gregoriana
• Licenciado en Filosofía del Derecho, Universidad Católica de Cuyo
• Y cuatro años de Teología, no acreditados oficialmente en ninguna universidad, pero que equivalen a una licencia.
Actualmente resido en San Juan, Argentina y mi hobby es salir a andar en moto en duro por los cerros sanjuaninos.
Pero lo que más me apasiona es ver crecer a las personas, superarse, en las más difíciles e inimaginables circunstancias.

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