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«El niño, con su enorme potencial físico e intelectual, es un milagro frente a nosotros. Este hecho debe ser transmitido a todos los padres, educadores y personas interesadas en niños, porque la educación desde el comienzo de la vida podría cambiar verdaderamente el presente y futuro de la sociedad. Tenemos que tener claro, eso sí, que el desarrollo del potencial humano no está determinado por nosotros. Solo podemos servir al desarrollo del niño, pues este se realiza en un espacio en el que hay leyes que rigen el funcionamiento de cada ser humano y cada desarrollo tiene que estar en armonía con todo el mundo que nos rodea y con todo el universo».
María Montessori
 
Montessori propone una educación centrada en el niño, que aprende a través de su propia experiencia, de repetir y practicar lo aprendido y de autocorregirse. Las diferencias con la educación tradicional.
La pedagogía Montessori promueve el desarrollo de la autonomía e independencia del niño, el aprendizaje a través de la experiencia, la autodisciplina y el autoconocimiento. Desarrollada en 22 mil escuelas en todo el mundo, en la Argentina hay un puñado de jardines de infantes que la implementan, aunque un curso de capacitación realizado este año en Buenos Aires confirmó el interés creciente por esta filosofía de enseñanza.
Silvia Dubovoy, mexicana y ciudadana norteamericana, es doctora en Psicología por la Universidad de Barcelona, especialista en neurociencias y trabaja desde hace 30 años en la Asociación Montessori Internacional, con sede en Holanda, de la cual es consultora, examinadora, conferencista y formadora internacional de maestros. Estudió y colaboró con el Dr. Carl Rogers y dirige carreras post universitarias Montessori en San Diego (EE.UU.) y España.
– ¿Cómo se define la pedagogía Montessori? ¿En qué principios se basa?
– María Montessori, la fundadora del método, era médica en Italia, donde también estudió psicología y antropología. Básicamente ella observa al ser humano y ve que tiene ciertas necesidades en su desarrollo a los que hay que satisfacer con una pedagogía preparada para eso. Ella sostiene que el niño aprende a través de la actividad y no en una forma pasiva. Dice que el niño nace con potencialidades a las que hay que observar y que, si le proveemos de un ambiente preparado donde él pueda explorar, va a aprender de una manera más enriquecedora. Montessori se basa en 3 ideas principales: una, conocer en forma profunda el desarrollo del niño; otra, preparar un ambiente y materiales adecuados; y la principal, comprender que el niño tiene en sí mismo la posibilidad de autoeducarse.
– ¿Qué tienen de diferente las escuelas Montessori de las tradicionales?
– Básicamente la diferencia es el famoso ambiente preparado y la formación de la maestra, que no tiene la misión de enseñar -como en la escuela tradicional- sino que debe seguir el proceso del niño y ponerlo en contacto con los materiales; entonces el niño se autoeduca. La idea es una educación centrada en el niño, que aprende a través de su propia experiencia, a través de repetir y practicar lo aprendido. Él aprende por sí mismo y no porque la maestra le está diciendo lo que debe hacer.
– ¿Esta pedagogía funciona para la primera infancia o sirve también para educar a adolescentes y jóvenes?
– Hay colegios Montessori hasta los 18 años. María Montessori empezó este programa con 60 niños de 3 a 6 años que estaban en barrios muy bajos de Italia y descubrió una serie de características que hasta ahora son desconocidas: que los niños tienen una capacidad de concentración increíble, que aprenden las cosas de una manera espontánea, que así como aprenden el lenguaje también pueden aprender a leer y escribir, a realizar las operaciones matemáticas, sin necesidad de que se las tenga que enseñar un maestro. En la educación tradicional, la maestra es la que dicta, mientras que en Montessori es el niño el que va mostrando en qué está interesado. El adulto tiene mucho trabajo porque tiene que saber observar desde afuera qué es lo que necesita el niño.
– ¿Montessori requiere trabajar con grupos reducidos de niños?
– No necesariamente. En Canadá tienen 35 niños con dos adultos. Es un trabajo diferente, porque lo que queremos es que los niños sean más independientes y que el adulto observe y responda a la necesidad del niño. Cuando uno observa un salón donde cada uno está en su propio trabajo, es impresionante ver cómo cada niño es independiente del otro y está trabajando concentrado. O sea, la “guía” -le llamamos así en lugar de “maestra”- simplemente está observando qué necesita el niño y le da aquello que requiera. La misión es hacerlos independientes.
– En la educación tradicional se piensa que si a cada chico se le deja hacer lo que quiere, será difícil de mantener el orden del salón. ¿Cómo se mantiene en Montessori el equilibrio entre libertad y disciplina?
– En todas partes del mundo se piensa que Montessori es dejar que los chicos hagan lo que quieran. Para nada es así. Hay una libertad de escoger, pero hay muchos límites, y están puestos no tanto por el adulto como por el ambiente y los materiales, que son autocorrectivos. El niño usa algo y lo regresa exactamente igual a cómo lo encontró para que otro niño lo use. Empieza a haber una especie de autodisciplina y también una responsabilidad de grupo; en ese sentido, es una pedagogía muy social porque se trata de una comunidad: todos tenemos que cuidar el ambiente, estar hasta cierto punto sin hacer ruido, respetar que hay un lugar para correr, otro para caminar, hablar bajo para no interrumpir a los otros. Es decir, hay reglas en el ambiente puestas precisamente por el propio ambiente y el material. Además, el niño se corrige a sí mismo, no está la “guía” diciéndole que se equivocó, sino que el niño repite y practica hasta que encuentra la perfección del material que tiene.
– ¿Qué materiales utiliza el método Montessori?
– Las áreas están preparadas para responder a ciertos aspectos del niño. Por ejemplo, el niño desde que nace quiere participar en el ambiente, ayudar al adulto y nunca se le deja hacer nada. Aquí, el niño participa: no simulamos lavar los platos o barrer, todas las actividades son reales, con objetos frágiles, bellos; y sin embargo, el niño se controla porque no quiere romperlos. Tenemos, por ejemplo, materiales especiales que son para el desarrollo de los sentidos, porque educando los sentidos, el niño puede percibir las cosas con más claridad. Hay materiales para el lenguaje, para las matemáticas, de una manera concreta, no se hace nada abstracto sino el niño aprende experimentando; entonces proveemos aquellas cosas que sabemos que son parte de su entorno.
Hemos visto que la personalidad humana se constituye en los primeros 6 años de la vida. Si tú le das las bases de seguridad, de confianza en sí mismo, de que él puede hacer las cosas, esto le va a ayudar el resto de su vida. No importa qué le presente el futuro, el niño sabrá que lo puede hacer.

Eduardo Montoro
Autor: Eduardo Montoro

Mi nombre es Eduardo Montoro, soy del 68, estoy casado con Graciela y tengo un hijo, Juan Manuel.
Tengo un largo recorrido académico, definido por un amigo como el viaje de Frodo, no porque sea como Frodo, sino por las peripecias que tuve que pasar, algunas en Italia otras en Argentina. En ese viaje obtuve varios reconocimientos académicos:
• Licenciado en Psicologia, Universidad Católica de Cuyo.
• Master en Psicología de Counselling, Università Europea di Roma
• Profesor de Psicología, Universidad de Mendoza
• Licenciado en Filosofía Sistemática con orientación Lexicográfica, Pontificia Università Gregoriana
• Licenciado en Filosofía del Derecho, Universidad Católica de Cuyo
• Y cuatro años de Teología, no acreditados oficialmente en ninguna universidad, pero que equivalen a una licencia.
Actualmente resido en San Juan, Argentina y mi hobby es salir a andar en moto en duro por los cerros sanjuaninos.
Pero lo que más me apasiona es ver crecer a las personas, superarse, en las más difíciles e inimaginables circunstancias.

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