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La apreciación de Leonhard en 1957 acerca de dos tipos de depresiones endógenas sustancialmente diferentes ha dado lu­gar a numerosos estudios en los últimos años (Viera y Gastó, 1997). Mientras que en las depresiones bipolares alternan los períodos melancólicos con otros maníacos o hipornaniacos, se consideran unipolares aquellos trastornos depresivos endóge­nos que han presentado varias fases melancólicas consecutivas sin episodio maníaco o hipomaníaco intercurrente (Perris es­tableció el límite de tres). Como veremos a continuación, exis­ten numerosas pruebas que apuntan hacia la naturaleza distin­ta de ambos trastornos (tabla 32-4), a pesar de que algunos autores solventes como Kendell (1977) no consideran resuelto el problema por existir escasas diferencias genéticas y clínicas.
Los estudios genéticos indican un mayor riesgo de morbi­lidad en primer grado en los pacientes bipolares. Además, los trastornos bipolares

  • tienden a iniciarse más precozmente,
  • van asociados con más problemas matrimoniales
  • y alcanzan un mayor nivel de formación que los unipolares.

Los estudios objetivos de personalidad sitúan a los

  • pacientes unipolares más cerca de las personalidades neuróticas, mientras que
  • los bipolares, una vez recuperados del trastorno, no manifiestan rasgos patológicos de personalidad y se muestran extroverti­dos, afectuosos y seguros de sí mismos.

 
Las diferencias clínicas son poco notables, aunque se han destacado

  • las somatizaciones y la ansiedad como más propias de las formas unipolares,
  • y los actos suicidas como más fre­cuentes en los pacientes bipolares.

En defensa de la separa­ción de ambos trastornos se destaca aspectos clínicos comu­nes y otros diferenciales. Entre las características comunes se refiere: curso periódico, número de fases limitadas, episodios breves, extensión constante del episodio, acortamiento de los intervalos sanos y extensión de la primera fase independiente del isómero de episodios posteriores. Entre los aspectos dife­renciales se destaca que

  • los trastornos bipolares se manifiestan más precozmente,
  • son episodios más cortos y presentan recaí­das más frecuentes,
  • períodos entre crisis más cortos y un índi­ce menor de frecuencia que las formas unipolares.

Desde un punto de vista fisiológico, la amplitud media de los potenciales visuales tiende a estar aumentada en los depresi­vos bipolares respecto a los unipolares, esquizofrenias y nor­males. Por otra parte, la excreción de 5-hidroxicorticosteroides, la excreción urinaria ele MI-IPG y los niveles plaquetarios de MAO son más bajos en los pacientes bipolares que en los uni­polares. Finalmente, los bipolares muestran una menor excre­ción de esteroides urinarios y menor acortamiento de la laten­cia REM, mientras que los unipolares tienen menor respuesta de TSH a la estimulación de TRH y una reducción más marca­da de la actividad de COMT eritrocitaria, así como diferente inervación noradrenérgica central (Bauman y cols., 1999) y distinta actividad catecolamínica (Swann y cols., 1999).
Parece demostrado que la respuesta a la terapéutica o a la profilaxis con litio es más evidente en bipolares, los cuales tie­nen una mayor sensibilidad para pasar a estados maníacos por medicación antidepresiva.
Abundando en la conflictividad del tema, destaca el hecho de que algunos autores en los últimos años han planteado la posi­ble existencia de dos tipos de depresión unipolar, uno sensible a la terapéutica con tricíclicos y otro más cercano a los trastornos bipolares, que responde a las sales de litio. También se ha sugeri­do la subdivisión del grupo bipolar en dos subgrupos: I (hospi­talización por manía) y II (hipomanía sin requerir hospitaliza­ción) (Dunner y cols., 1983), aunque posteriormente se han añadido otros: III (manía farmacógena), IV (ciclotimia), V (de­presión con historia familiar de trastorno bipolar) y VI (manía unipolar) (Klennan, 1981). Es cuestionable y abierto a la in­vestigación, asimismo, el número de fases depresivas que se re­quieren para ubicar a un paciente en el grupo unipolar.

Eduardo Montoro
Autor: Eduardo Montoro

Mi nombre es Eduardo Montoro, soy del 68, estoy casado con Graciela y tengo un hijo, Juan Manuel.
Tengo un largo recorrido académico, definido por un amigo como el viaje de Frodo, no porque sea como Frodo, sino por las peripecias que tuve que pasar, algunas en Italia otras en Argentina. En ese viaje obtuve varios reconocimientos académicos:
• Licenciado en Psicologia, Universidad Católica de Cuyo.
• Master en Psicología de Counselling, Università Europea di Roma
• Profesor de Psicología, Universidad de Mendoza
• Licenciado en Filosofía Sistemática con orientación Lexicográfica, Pontificia Università Gregoriana
• Licenciado en Filosofía del Derecho, Universidad Católica de Cuyo
• Y cuatro años de Teología, no acreditados oficialmente en ninguna universidad, pero que equivalen a una licencia.
Actualmente resido en San Juan, Argentina y mi hobby es salir a andar en moto en duro por los cerros sanjuaninos.
Pero lo que más me apasiona es ver crecer a las personas, superarse, en las más difíciles e inimaginables circunstancias.

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