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Lo cierto es que, de forma directa, a través del suicidio, o por medio de conductas autodestructivas encubiertas, como el alcoholismo, la bulimia, el tabaquismo, las situaciones peli­grosas y que entrañan estrés, el abandono de medicación en enfermedades crónicas, etc., se puede actuar autoagresiva­mente. Existe un consenso general en aceptar que el suicidio es un problema que va aumentando de forma gradual en to­dos los países y los trastornos afectivos representan un por­centaje alto entre los factores causales. Las formas bipolares dan una mayor proporción de suicidas que las unipolares, y ambas, una incidencia claramente más elevada que las depre­siones neuróticas (Klerman, 1987). Las depresiónés psicóticas tienen una prevalencia de suicidios y mortalidad sensible­mente superior a otras depresiones, incluso severas (Vythi­lingam y cola., 2003). Según todas las estadísticas alrededor de un 10-15% de depresivos se suicidan (Gastó, 1986).

  • Por otra parte, las repercusiones fisiológicas de la depresión son evidentes. Además de la astenia, que en ocasiones aparece como síntoma principal (p. ej., depresiones por agotamien­to), otros síntomas, como la pérdida de peso, las cefaleas, la amenorrea, la sequedad de boca, el estreñimiento y las palpi­taciones, son también frecuentes. La disregulación vegetativa es bastante constante yen ocasiones tan importante que cons­tituye el aspecto clínico más llamativo (depresiones vegetati­vas de Lemke), a veces en forma de crisis de sudación.

 
En relación con los aspectos físicos de la depresión nos pa­rece oportuno tratar con cierto detalle el problema de las

  • de­presiones enmascaradas, también conocidas como equivalentes depresivos (López-Ibor Aliño, 1972), ya que son trastornos que llegan a representar casi la mitad de la totalidad de las de­presiones y constituyen auténticos enfermos problema que desorientan al clínico. Tales equivalentes depresivos, cuya
  • naturaleza puede ser tanto endógena como neurótica, se han definido como síntomas que habitualmente corresponden o pueden corresponder a enfermedades muy dispares que se presentan en enfermos en los que no es aparente su trastorno del estado de ánimo» (López-Ibor Aliño). Aunque no hay sín­tomas específicos,
  • las formas más frecuentes son algias y pa­restesias, sobre todo cefaleas y trastornos gastrointestinales, neurológicos y neurovegetativos.
Eduardo Montoro
Autor: Eduardo Montoro

Mi nombre es Eduardo Montoro, soy del 68, estoy casado con Graciela y tengo un hijo, Juan Manuel.
Tengo un largo recorrido académico, definido por un amigo como el viaje de Frodo, no porque sea como Frodo, sino por las peripecias que tuve que pasar, algunas en Italia otras en Argentina. En ese viaje obtuve varios reconocimientos académicos:
• Licenciado en Psicologia, Universidad Católica de Cuyo.
• Master en Psicología de Counselling, Università Europea di Roma
• Profesor de Psicología, Universidad de Mendoza
• Licenciado en Filosofía Sistemática con orientación Lexicográfica, Pontificia Università Gregoriana
• Licenciado en Filosofía del Derecho, Universidad Católica de Cuyo
• Y cuatro años de Teología, no acreditados oficialmente en ninguna universidad, pero que equivalen a una licencia.
Actualmente resido en San Juan, Argentina y mi hobby es salir a andar en moto en duro por los cerros sanjuaninos.
Pero lo que más me apasiona es ver crecer a las personas, superarse, en las más difíciles e inimaginables circunstancias.

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