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Publico aquí un diálogo con Theseus sobre la sublimación. Tiempo atrás le envié el artículo que hace poco publiqué como post. A ese artículo él me respondió con un mail haciendo aclaraciones, pidiendo distinciones y finalmente mostrando su punto de vista sobre ciertas aristas del tema. Aquí está mi respuesta y sus respuestas finales. Entonces el diálogo debe leerse en el siguiente orden temporal: Theseus, P&E, Rta Theseus.
Hago público mi agradecimiento a su persona, en primer lugar, por haber motivado el anterior post con un comentario suyo en Wanderer, en segundo lugar, por su interesantísima respuesta.

Theseus- Leí su artículo con mucha fruición. Es, a mi entender, muy valioso.
No tengo nada esencial que acotarle. Sí creo que debería aclarar un poco, quizás en un artículo subsiguiente, el tema de la pertenencia.
P&E-Esa es la idea, creo que en la “pertenencia” está lo más interesante del tema, como usted ya sabe, no basta criticar, que es lo más fácil, sino dar una solución positiva.
Theseus 1-     Comparto su embole por ciertas palabras cargadas de significado ideológico, o de marcada procedencia heterodoxa. Me pasa, como a Ud., con términos tales como ecumenismo, derecha, izquierda, ortodoxia, etc. Sigue en pie aquello del maestro Petit de Murat: “la palabra violada”.
P&E –Mi embole no es tanto por su procedencia, sino porque me parecen estúpidas, según la pretensión que tienen de convertirse en principios omnicomprensivos y omniexpilicativos de la realidad; podrían usarse como un indicador menor, pero siempre en absoluta relación con el analogado princeps que les da sentido por relación de contigüidad. La mayoría de esas palabras toma su semántica de las migajas de una realidad superior y de la cual metonímicamente adquieren su densidad significativa, pero… hace rato dejaron de lado el analogado princeps… y la conciencia de la relación con el mismo… para quien las usa.
Theseus 2-El status del analogatum princeps: evidentemente para Freud, como Ud. requetebien lo trata, la analogía se vuelve patas para arribas, lo que es igual decir que la destruye. No en el caso de Tomás, por ejemplo, donde la substancia humana es considerada en su unidad, pero sin dejar de lado el dominio político, en cita del de Estagira, de lo inferior por parte de lo superior. Siempre he discutido acerca de los realistas que confunden el monismo con la teoría de la unión substancial. Por eso creo que la parte discutible de su texto (Esa búsqueda homeostática de alivio, y su contracara energética, puede generar fácilmente la fantasía de una substancia que se comunica de una región a otra, siendo ella misma siempre idéntica. Pero esa lectura, basada en la imaginación, no me convence en absoluto, la psiquis de un hombre se parece a un dique que está repleto y que tiene mil maneras distintas de aliviar el peso energético del agua acumulada. Ese peso puede ser aliviado por la descarga principal del dique, por la evaporación del agua, por la filtración del agua en el suelo, por canales de riego, etc. Sin embargo, cada una de esas actividades es absolutamente heterogénea y distinta de las demás y todas cumplen el mismo propósito) debiera resolverse dentro de los parámetros de una antropología no sólo realista, sino cristiana. La unión substancial comprende a dos co-principios, inconfundibles, mas subsidiarios: la individuación y la especificación, respectivamente. Desde la teología cristiana, sabemos que el pecado «afectó» el divino amplexo primitivo, pasando su fina navaja y haciendo necesaria la gracia. Con esto quiero decir que hay una «relativa dualidad» ad sanandum et explicandum. No me animo a decir que el Aquinate patinó, mas sí que sus repetidores han expuesto, los menores de ellos, que no son maestros justamente, una teoría monística más que hylemórfica.
Por lo que creo que la actividad de la inteligencia y del apetito racional pueden, aunque no siempre y después de pasados años de relativa «calma somática», atraer hacia sí las prístinas energías de los instintos, no absorbiéndolas, que no pueden, sino orientándolas hacia un fin más universal, o en el lenguaje de Castellani, volviéndolas sentimientos. En este sentido, creo que sí se da una “comunicación” en la substancia.
P&E- No estoy seguro de captar 100% su crítica, por eso en primer lugar aclaro términos que pueden haberla suscitado:
a-       Por las dudas (porque estoy casi seguro de que no pasa por aquí su crítica), en esa cita mía, substancia está entendida en el sentido de substrato material que hace de principio constituyente de una realidad, como los cosmólogos griegos concebían el aire, el fuego, el agua y la tierra. Son substratos que tienen sus características esenciales específicas como una quasi substancia completa y que se combinan para crear substancias superiores. Mea culpa, sería mejor usar la palabra substrato en ese lugar. Ese substrato es siempre idéntico a sí mismo como energía, al menos en Freud, que es lo que critico en el párrafo. (Ya lo cambié en el artículo original gracias al aporte de Theseus)
Rta Theseus – Hace bien en aclarar el término «substancia», reemplazándolo por su correlativo «substrato». Fíjese lo que menta el diccionario de la RAE en sus dos primeras acepciones del término:
Sustrato: 1. m. Biol. Lugar que sirve de asiento a una planta o animal fijo. 2. Fil. sustancia, ser de las cosas y existir una cosa en sí y no en otra.

b-       Por las dudas también (porque estoy casi seguro de que no pasa por aquí su crítica),  critico esa lectura, no la asumo, por eso la llamo “fantasía”.
c-       Humildemente, le confieso mi ignorancia, seguramente usted entiende mucho más bajo la palabra “monismo” que lo que yo pueda entender, y me encantaría entender más y aprender. Hasta donde puedo intuir, in confuso, el monismo, en el contexto de sus expresiones, sería una especie de reductivismo de los dos principios de la unión hilemórfica haciéndole perder sus especificidades, es decir lo específico de la ὕλη y de la  μορφή, entendiendo la substancia como un tercero distinto que ha fusionado indiscriminadamente ambos principios. ¿Es más o menos así?
Rta Theseus – Entendió también lo que yo por «monismo».
d- “Desde la teología cristiana, sabemos que el pecado «afectó» el divino amplexo primitivo, pasando su fina navaja y haciendo necesaria la gracia. Con esto quiero decir que hay una «relativa dualidad» ad sanandum et explicandum.”. Totalmente concedido, no estoy seguro de interpretarlo al 100%, pero su dualidad ad sanandum et explicandum, la comparto al 1000%; tal vez, estoy pervirtiendo la semántica originaria de la frase suya, pero veo una gran autonomía de naturaleza y gracia al momento de explicar los fenómenos humanos. Por eso insistí, contra un comentador de Wanderer, con que santidad y crecimiento humano no van siempre de la mano, aunque haya mutua influencia. Lo veo en mí, puedo asegurar, sin ningún lugar a duda, que me encuentro en mi ápice del crecimiento humano… en cuanto a la santidad lo dudo sinceramente…
e-      “Por lo que creo que la actividad de la inteligencia y del apetito racional pueden, aunque no siempre y después de pasados años de relativa «calma somática», atraer hacia sí las prístinas energías de los instintos, no absorbiéndolas, que no pueden, sino orientándolas hacia un fin más universal, o en el lenguaje de Castellani, volviéndolas sentimientos. En este sentido, creo que sí se da una “comunicación” en la substancia”. Aquí es donde creo que podemos llegar a disentir. Desde la fenomenología de los hechos psíquicos he llegado a la conclusión de que hay una especie de energía psíquica de conciencia, que es unívoca y que se aplica al gobierno general de la substancia. El gobierno de las pasiones, que es político, se da más por tensión respecto de un fin (en un estado ideal de cosas, fin que es una alteridad distinta de las pasiones y de la misma conciencia), que por una intención autorreflexiva de efectivamente “dominar”, en buen o mal sentido, “reprimir”. Esa energía de conciencia, cuando se aplica intensamente a un fin, que es distinto de sí misma, arrastra y tensa en dirección de ese fin todas las potencias, de un modo absolutamente connatural, sin “domino” o “gobierno” propiamente dicho, casi sin mérito ni lucha, más que el aplicarse a ese fin y las ordena. La necesidad de gobierno o dominio, stricte dictum, comienza en un segundo momento, cuando falta ese fin unificante; entonces, esa energía de conciencia se dispersa y busca descargar tensiones, es ahí  donde las potencias inferiores se rebelan, ya no están “absorptae” (absortas), es decir subsumidas en la tensión del fin, entonces es necesario el gobierno y el dominio, proprie dictum, y la represión, en el buen y en el mal sentido, aparece. Y digo “absortas”, no en el sentido etimológico de absorbidas, como si a la energía la chupara la conciencia, sino en el sentido de estar talmente tensas por el objeto que propone la conciencia, que desaparecen ellas mismas como posible objeto de conciencia. En realidad, también esto es falso; no es que estén tensas por el objeto de la conciencia, que es algo de un orden superior y no lo podrían alcanzar de ningún modo; en realidad esa tensión por el fin que es de la conciencia, las deja en un segundo plano, desapareciendo casi totalmente de la conciencia, cumpliendo meramente su función específica, sin que se les exija la función espuria y desordenada de ser alivio homeostático de las tensiones. Este es el único modo de comunicación en la sustancia que yo puedo ver. Cada potencia cumple su lugar específico y, en el desarrollo del crecimiento humano, tiende a desaparecer de los espacios de conciencia para dar lugar a funciones superiores, como sucede cuando aprendemos una lengua extranjera: primero escuchamos meramente sonidos, y prima en su rol el oído, después, de a poco, distinguimos las unidades de sentido en esa masa informe de sonidos, ese es el momento de las palabras (y desaparece el sonido para el nivel más alto de la atención), de a poco aprendemos cómo juegan esas palabras entre sí (y desaparecen las palabras), es el momento de la sintaxis, hasta que hablamos fluidamente y desaparece el sistema lingüístico para hacer presente la realidad. El estadio anterior va desapareciendo y queda subsumido, absorto, en el superior, según su funcionalidad, para dar espacio, en la atención, a la funcionalidad superior. Esa es la comunicación que yo puedo ver. Sí así se entiende el “atraer hacia sí las prístinas energías de los instintos, no absorbiéndolas, que no pueden, sino orientándolas hacia un fin más universal”, totalmente de acuerdo. Otro tipo de comunicación no veo, tal vez usted me ayude a entenderla, si no fuese correcta mi interpretación.
Rta. Theseus- Entendió Ud. lo que yo por «comunicación».
Theseus- 3-Podría utilizarse quizás una analogía derivada del principio de la “asunción eminente de las formas” para tratar el proceso de paulatina espiritualización del amplexo. Los místicos del medioevo gustaban de hablar en términos de “sobrenaturalización”, “divinización” etc. al tratar la unión del alma con su Hacedor. De todas formas, el “Motus” es el mismo: ascensión hacia formas más perfectas y perfeccionadoras.
P&E- En esto soy tal vez demasiado aristotélico (y tomista también…), demasiado de la “emergencia del acto” y también demasiado platónico (y tomista también…) en la estructura fundacional de la realidad en función de tal emergencia: la participación. Podría admitir una “Asunción funcional eminente de las formas” o una “participación de lo inferior respecto de lo superior”, pero no veo espacios metafísicos para mucho más. Si embargo, si usted me explica, me encantaría aprender algo más.
Theseus – 4-Quizás, para evitar las confusiones lingüísticas, y más en el jodido campo de la psicología, deberíamos tratar la cuestión a partir de la catársis, que tiene al menos un poco más de antecedentes helenos que la sublimación. O quizás la embarramos más, no sé. Dígame Ud. luego.
Sí, la catarsis tiene mucha miga y está “ABSOLUTAMENTE” ligada a la estructura dinámica de la identidad de la persona. Es un término sano en su misma esencia y sin peligros de confusiones.

Eduardo Montoro
Autor: Eduardo Montoro

Mi nombre es Eduardo Montoro, soy del 68, estoy casado con Graciela y tengo un hijo, Juan Manuel.
Tengo un largo recorrido académico, definido por un amigo como el viaje de Frodo, no porque sea como Frodo, sino por las peripecias que tuve que pasar, algunas en Italia otras en Argentina. En ese viaje obtuve varios reconocimientos académicos:
• Licenciado en Psicologia, Universidad Católica de Cuyo.
• Master en Psicología de Counselling, Università Europea di Roma
• Profesor de Psicología, Universidad de Mendoza
• Licenciado en Filosofía Sistemática con orientación Lexicográfica, Pontificia Università Gregoriana
• Licenciado en Filosofía del Derecho, Universidad Católica de Cuyo
• Y cuatro años de Teología, no acreditados oficialmente en ninguna universidad, pero que equivalen a una licencia.
Actualmente resido en San Juan, Argentina y mi hobby es salir a andar en moto en duro por los cerros sanjuaninos.
Pero lo que más me apasiona es ver crecer a las personas, superarse, en las más difíciles e inimaginables circunstancias.

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