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La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que en el mundo hay unos 400 millones de personas afectadas por enfermedades psíquicas graves. Las cifras de quienes sufren de diversas afecciones que demandan tratamiento psiquiátrico o psicoterapias se considera mucho mayor.
Argentina es el país con más psicólogos por habitante del mundo.
Buenos Aires es una ciudad donde se respira y se siente el «aire psicológico». La corriente que más difusión tiene en el país, a diferencia de lo que sucede en otros países del mundo, es el psicoanálisis. Fue inventado por Sigmund Freud y popularizado por el famoso diván que permite el «libre discurrir».
La forma de trabajo de los psicoanalistas es a través de sesiones de una, dos, tres y hasta cuatro veces por semana, en las que se propone al paciente que cuente lo que tenga ganas y diga todo lo que le venga a la cabeza. De esta manera empieza el trabajo analítico
El psicoanálisis procura una «cura» (o un alivio) a través de la escucha atenta del psicoanalista que permite encontrar y poner en sintonía algo de nuestro inconsciente al que para nosotros es imposible de acceder.
Esta forma de terapia es muy buena como método de autoexploración.
Cuestión creativa
Sin embargo y con el correr de los años, la creatividad se instaló en el ámbito psicológico y de a poco está ganando más adeptos desplazando al tradicional diván. Sin tanto protocolo, muchos terapeutas abandonaron la solemnidad y le abrieron las puertas de sus consultorios a herramientas más interactivas, como el juego dramático, el «psicocine» o la producción artística con fines terapéuticos.
Sucede que el saber médico hace tiempo que se democratizó: la verdad no está de un solo lado y es necesaria la flexibilidad para asumirlo.
«Sin creatividad no existe la posibilidad de reinventarse», definió en una entrevista periodística con el diario Perfil la psicóloga Laura Pantaleone.
La psicoterapia puede ser muy efectiva en un grupo. El terapeuta guiará al grupo hacia el camino del aprendizaje para ayudar a resolver problemas (y no sólo desahogarse). Ayuda a ver cómo otros están manejándolos o como fracasan en sus estrategias para resolver sus problemas; por otra parte es una excelente forma de convertirse en una persona capaz de resolver los propios problemas y los de otros.
Otras disciplinas
El Psicodrama es una forma de psicoterapia, inspirada en el teatro de improvisación y concebida inicialmente como grupal. Es un procedimiento que permite cambiar la mirada mediante la utilización terapéutica de los lenguajes dramático y lúdico. En el espacio terapéutico, que puede ser tanto grupal como individual, donde los pacientes expresan sus conflictos y despliegan situaciones de su vida, pero no solo verbalmente sino que las escenifican. Así se espacializan y se reactualizan.
También se utilizan máscaras que son recursos que ayudan a ser otro, hacen que emerjan aspectos escondidos de cada uno y generan una multiplicidad de versiones sobre sí mismos. Todas estas estrategias facilitan y aceleran el proceso terapéutico, que apunta a cambiar las conductas repetitivas y perjudiciales por otras capaces de construir bienestar.
«Los pacientes con patologías mentales tienden a la repetición y el psicodrama les permite verse creadores de nuevas historias y elaborar situaciones que son difíciles de trabajar desde los dispositivos terapéuticos convencionales», describió la especialista.
La implementación de herramientas creativas como el psicodrama en el mundo de la salud mental recorrió un largo trayecto hasta desembocar en el actual auge. «Hace 22 años cuando comencé haciendo teatro en una clínica privada de psiquiatría era vista como «la coordinadora extraña que entretiene a los pacientes», se auto-describió Pantaleone que también es coordinadora de talleres terapéuticos en la unidad de internación psiquiátrica del Instituto de Neurociencias Buenos Aires (INEBA).
Con el tiempo, la plástica, la literatura, el teatro y el psicodrama se abrieron un camino y hoy son ejercidas en ámbitos psiquiátricos de todo el mundo.
Búsquedas
«La creación es el instrumento que nos permite trascender el aquí y ahora, y darle forma a lo que todavía no es pero puede ser», explicó en una entrevista periodística el médico psiquiatra Miguel Angel Materazzi, profesor de Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UBA y ex director del Hospital Borda.
Uno de los dispositivos que implementa es el psicocine, definido como un «instrumento de rehabilitación», en tanto implica la elaboración de una historia que es una exteriorización de los conflictos de los integrantes del grupo. Cada paciente se convierte en autor y actor del «como sí» de la película, que construyen paso a paso a lo largo de un lento proceso de elaboración artística y terapéutica.
«Cada uno de los interactuantes es un agente de salud en tanto influye en los otros durante el proceso dramático, que apunta a provocar cambios», define Materazzi.
Y la psicóloga del equipo de familia del Hospital Italiano Haydée Ana Romero reafirma que «hay una simultaneidad entre el despertar de la creatividad y el proceso de sanar nuestra vida».
En el libro Familias con niños y adolescentes (Delhospital Ediciones), de reciente aparición, apuesta a «la creación transformadora» a través de la producción de narraciones y dibujos. Propone a sus pacientes «componer su vida como una obra de arte», teniendo en cuenta que «tenemos acceso a distintos mundos posibles y el arte permite enlazar estos mundos, componerlos y recrearlos.
Se opone a las interpretaciones del terapeuta que dictamina presuntas verdades sobre la vida del paciente, porque entiende que estas interrumpen el flujo creativo, que es el «el verdaderamente transformador».
El secreto consiste en «ser autor y protagonista activo de la propia vida».

Eduardo Montoro
Autor: Eduardo Montoro

Mi nombre es Eduardo Montoro, soy del 68, estoy casado con Graciela y tengo un hijo, Juan Manuel.
Tengo un largo recorrido académico, definido por un amigo como el viaje de Frodo, no porque sea como Frodo, sino por las peripecias que tuve que pasar, algunas en Italia otras en Argentina. En ese viaje obtuve varios reconocimientos académicos:
• Licenciado en Psicologia, Universidad Católica de Cuyo.
• Master en Psicología de Counselling, Università Europea di Roma
• Profesor de Psicología, Universidad de Mendoza
• Licenciado en Filosofía Sistemática con orientación Lexicográfica, Pontificia Università Gregoriana
• Licenciado en Filosofía del Derecho, Universidad Católica de Cuyo
• Y cuatro años de Teología, no acreditados oficialmente en ninguna universidad, pero que equivalen a una licencia.
Actualmente resido en San Juan, Argentina y mi hobby es salir a andar en moto en duro por los cerros sanjuaninos.
Pero lo que más me apasiona es ver crecer a las personas, superarse, en las más difíciles e inimaginables circunstancias.

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