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La idea era hacer en un solo post todos los efectos psicológicos del encierro, en estos tiempos de cuarentena pero se me hizo tan largo el post que tuve que cortar con los dos primeros: ansiedad y depresión.

El resto de los efectos irán en otros posts.

1. No a todos nos pega igual:

Desde un punto de vista genético temperamental (haciendo un corte arbitrario orientado principalmente al tema que nos ocupa) hay tres tipos de personas.

Un primer grupo de individuos, los que por temperamento, es decir por condicionamiento hereditario innato no aprendido, se inclinan fuertemente a la acción y que son por lo general resultadistas. Adictos al trabajo y se sienten culpables si no están haciendo nada. Estos, en situaciones de encierro, les afecta principalmente la ansiedad. Es decir la impotencia de no hacer cosas.

El segundo grupo de personas más orientadas a lo vincular, sumamente sociables, extrovertidos y que necesitan permanentemente del contacto con el otro, de la presencia real del otro. El síntoma de este grupo frente al encierro es más bien algún tipo de depresión, de duelo por la pérdida del contacto con el otro.

Finalmente, en el tercer grupo, son los introvertidos, que justamente porque son tímidos y son un poco ‘idos para adentro’ han desarrollado mucho ‘mundo interno’, mucho registro explícito de sí mismos y un lugar donde habitar que no es principalmente el afuera. Son los menos afectados, y en no pocos casos hasta pueden disfrutar el encierro, pero cuando hacen síntomas suelen ser más por el lado de la despersonalización. Todo ese tiempo fuera de rutina se transforma en un exceso de reflexión, una hiper reflexión en realidad, que de tanto pensar y pensar, repasar los diversos aspecto de la realidad los termina ‘gastando’, dejan de ser naturales y empiezan a parecer raro, hasta el mismo yo empieza a sentirse extraño a sí mismo en estas condiciones.

De todas maneras veremos los síntomas generales y oportunamente veremos cómo se desenvuelven en cada tipología.

2. ¿Cómo nos afecta la ansiedad en estas circunstancias?

La tensión o ansiedad es algo que compartimos todos los animales, y sí, no se sorprenda, usted también pertenece al reino animal, tiene sensibilidad y puede ir a buscar lo que le ‘falta’. En ese ‘buscar lo que le falta’, todo animal, tiene que vencer obstáculos, dificultades, se plantea como un ‘trabajo’, algo en lo que invertir energía y nos ponemos ‘tensos’ para lograrlo, ‘hacemos fuerza’.

El animal, el león por ejemplo se ‘tensiona’ para cazar su presa…. y el antílope se ‘tensiona’ para escapar del león. En los animales irracionales esa tensión está casi totalmente circunscripta a objetivos presentes…. Siente hambre, se tensa para cazar, siente sed se tensa para ir hasta el abrevadero, siente apetito sexual se tensa para aparearse…. Pero toda ‘tensión’, en el animal irracional, se circunscribe, casi absolutamente, a necesidades instintivas presentes, del aquí y ahora del animal. Nunca respecto del futuro y bastante menos respecto del pasado.

El hombre, por el contrario, se tensa por cosas que no han sucedido y que podrían suceder. El hombre es un ser que se piensa totalmente a sí mismo y puede verse, como desde fuera, inserto en un proyecto… hipotético.

La mente humana es un bosque de realidades hipotéticas que tiene que aprender todo el tiempo que lo único que cuenta son los árboles de la realidad real. En ello le va la vida… y la posibilidad misma de no obtener nada más que frustraciones de todos sus intentos, si no logra distinguir hipótesis de realidad.

Toda acción humana, a diferencia de los animales, está cargada profundamente de ‘expectativas’, la mayoría de ellas inconscientes… y ¡Eureka! estamos en el punto de partida mismo de la ansiedad.

Esas expectativas pertenecen siempre al plano de las realidades hipotéticas, de lo que yo quiero que suceda, el problema es que no siempre sucede, y, en realidad, tal cual yo lo esperaba casi nunca sucede….

La expectativa nos carga de tensión respecto de aquello ‘expectado’ (permítaseme el neologismo, quiere decir el objeto mismo de la expectativa), nos mueve hacia ello, pero casi nunca obtiene el resultado esperado, sobre todo aquellas expectativas inconscientes, las más íntimas y de las cuales casi no tenemos registro. Las otras, las obvias, evidentes y cotidianas por lo general se cumplen: espero el subte… por lo general el subte llega. Pero cuando a nivel inconsciente espero que una persona que amo se comporte de una manera determinada, por lo general, casi nunca sucede…. y me frustro.

La esencia misma de la ansiedad está en este mecanismo. La podríamos definir como la tensión por aquello que deseo que suceda, es decir el cumplimiento de mi expectativa.

Pero, obviamente, hay tensión en todo proyecto, consciente e inconsciente, ¿qué hace que la sana tensión se convierta en ansiedad patológica?: Cuando le pedimos a la realidad algo que la realidad NO NOS PUEDE DAR. Y en vez de aceptar la realidad como es, insistimos furiosamente en cómo queremos que sea.

La mayoría de los ansiosos patológicos, por ejemplo, tiene una ENORME necesidad de seguridad. Quieren, invariablemente, que las cosas sean según su proyecto, según su expectativa idealizada y no ACEPTAN la realidad tal cual es: un conjunto de variables que no dependen de mí y no puedo CONTROLAR.

La necesidad de seguridad es uno de nuestros impulsos primitivos más atávicos e ínsitos en lo más profundo de la naturaleza humana. Pero cuando esa necesidad ancestral de seguridad se convierte en un imperativo de omnipotencia que exige a ultranza que se dé lo que su todapoderosa capacidad de desear demanda se convierte en patología.

En las actuales circunstancias las seguridades más básicas de la vida humana se han trastocado. Realidades que creíamos seguras no lo son más, nunca lo fueron en realidad, siempre fueron tan frágiles como hoy las percibimos, fue nuestra necesidad de seguridad que creó una sensación de DERECHO a que las cosas sean como yo quiero que sean porque medianamente siempre han sido así.

Esto nos afecta a todos, pero según nuestra estructura nos afecta diversamente, según la división de más arriba:

  • Personas de acción: estas son las más afectadas por la ansiedad, son resultadistas y acostumbrado a obtener resultados. Están acostumbrados a dominar todas las variables del juego para ganar siempre. Esa sensación de omnipotencia del hombre de acción que todo lo puede choca en este encierro con el no poder hacer nada al respecto y esto lo vuelve loco. Sentirse vulnerable lo humilla y además de ansiedad puede sentir mucha rabia o ira contra estas variables que no puede manejar.
  • Personas sociables: la ansiedad se manifiesta como una urgencia del contacto con el otro, es como si de repente le faltara el aire el hecho de no tener la cantidad de contacto humano a la cual está habituada.
  • Personas introvertidas: en principio, en la medida que son más idas para adentro, al menos el primer tiempo de cuarentena llegan a disfrutarlo. En principio se mueven por la vida teniendo que vencer la sensación de amenaza que el otro provoca en primera instancia. Y cuando están en situaciones de soledad o aislamiento al inicio sienten hasta alivio, no obstante esto, cuando cede el disfrute puede dar paso a la desestructuración y despersonalización por no tener las estructuras habituales que también sostienen a este tipo de personas, y que son las que más las dan por descontado, sin tener registro del valor de estas para sí mismas.

 

3. También nos deprimimos:

Freud definía la depresión como la reacción a la pérdida de un objeto real o imaginario. En estas circunstancias perdimos algo: nuestras seguridades, nuestras certezas, la realidad tal como habíamos pensado que no podía dejar de ser.

Más allá de que el objeto sea real o imaginario, respecto de ese objeto, teníamos una poderosísima expectativa idealizada de jamás perderlo y al perderlo de hecho, surge en nosotros un tsunami de anhelo de recuperarlo imposible de satisfacer.

De una cachetada voló por los aires el cuentito de hadas que queríamos que fuese nuestra realidad, sentíamos DERECHO a que ‘mi realidad’ fuese de ese modo y no de otro, lo cual hace surgir en nosotros un intenso deseo de ese objeto perdido, al que no queremos renunciar de ningún modo, pero especialmente no queremos renunciar a desearlo.

Ese deseo de la cosa perdida ha estructurado nuestro mundo, es el estadio más profundo del ‘sentido’, y hasta del ‘sentido de la vida’. El ‘sentido’, decía Frankl, no es algo que se ‘construye’, sino que se descubre. Y no se descubre en nuestros pensamientos, ni en nuestros proyectos, ni en nuestras expectativas. Se descubre en algo más profundo, en la dinámica de nuestra vida, ese movimiento interno que es nuestro querer y que hay que aprender a escuchar y no pretender atraparlo en ‘constructos’ mentales. En esa dinámica, de un modo totalmente heterogéneo a los proceso mentales, aprendemos a escuchar la dirección del arroyo de nuestra vida y ser más o menos fiel a esa dirección deseante descubierta que llamamos sentido.

Es por eso que cuando una persona está empantanada en su proceso de duelo la principal dificultad, no es admitir intelectualmente que ‘SU’ cuentito de hadas voló en pedazos (lo cual, de suyo, es enormemente complicado, porque es la estructura mental que hace posible el problema, y poder verlo y dejar de expulsar el conflicto fuera de sí ya sería un avance enorme), sino dejar de DESEAR que el cuentito de hadas no se haya roto. Tengo pacientes que entienden que todo su sufrimiento patológico radica en esa fábula de plenitud, tremendamente narcisista, que perdieron. Y lo ven específicamente como la fuente de sus angustias y lo pueden describir con estas mismas crudas palabras con las que yo estoy describiendo el fenómeno, sin embargo, no quieren renunciar a DESEAR no haber perdido lo que perdieron, real o imaginario (sí también puede ser imaginario, es decir una pérdida de algo que nunca tuve, por ejemplo un reconocimiento de la propia valía que nunca se obtuvo).  Y la pérdida los sigue torturando…

¿Por qué tanta voluntad de autodestrucción? Porque ese DESEO se les constituye como un estructurante fundamental del propio sentido y de la propia identidad. Se les instala en el más inconsciente de los niveles la sensación de que renunciar a ese deseo es caer en el más profundo de los vacíos y de la nada más absoluta.

Todo lo que acabamos de describir es el núcleo mismo de la depresión patológica y hay mucho que duelar en esta situación de encierro, no es necesario que enumere, cada uno sabrá qué es lo que más le duele haber perdido.

Pero la depresión también nos afecta diversamente:

  • Personas de acción: La depresión y la angustia se manifiestan con un gran torrente de impotencia y de ira contenida. Del mismo modo que el llanto amargo de Aquiles por la muerte de Patroclo, su íntimo amigo, se convierte en una devastadora ira frente a las murallas de Troya desafiando a Héctor al combate. La impotencia contenida en la depresión del hombre de acción, por verse descubierto en su vulnerabilidad, es como la lava ardiente, tremendamente autodestructiva.
  • Personas sociables: tienden a vivir las pérdidas de estas circunstancias como un vaciamiento de sí, con desconfianza de sus propias percepciones, la culpa se activa a niveles muy altos, le cuesta saber qué realmente quiere, gran desconexión de las propias emociones, se siente el yo como desintegrado, la asertividad se pierde. No hay un punto medio realista o expulsa todo el problema de sí, o se hace cargo de todo el problema en clave culpabilidad extrema.
  • Personas Introvertidas: Tienden a vivir con un humor de fondo con tonalidad melancólica, dado que viven en el mundo de las posibilidades, el mundo interno de las ideas donde todo es perfecto y muy distinto de la prosaica e imperfecta realidad. La frustración específica aquí es que la realidad no es como la habían imaginado y quedan profundamente adheridos a que sea con la perfección que ellos hubiesen deseado que fuese.

En el siguiente post continuaré con otros efectos del encierro.

Eduardo Montoro

 

 

 

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