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Hace unas semanas, con ocasión del problema de los nueve puntos, dí con el sitio de Alberto y con el problema de los «Monjes Lógicos» que algún día pondré en la página para que lo discutamos. Mail viene, mail va analizando el dichoso problema fueron poniéndose de relieve las posturas metafísicas de cada uno. Caí en la cuenta que Alberto es un verdadero escéptico, según la clasificación escéptico-eféctico, o un «mal escéptico», según lo que escribí en el post de semanas atrás. En este bunker «continental» es difícil encontrar alguien que piense como él, por lo que me pareció muy interesante publicar un mail suyo donde bosqueja y define su weltanschauung filosófica. Es interesante leerlo con detenimiento empuja a pensar cosas que, al menos yo, no tenía pensadas y que necesitan respuestas gracias a su estímulo. Por eso le prometí a él y le prometo a ustedes un post sobre el «caos», espero que no suceda como con tantos otros post prometidos que tengo en el tintero. Por ahora disfruten del mail de Alberto.

Bueno, no creo que las matemáticas me enloquezcan. Tampoco el pragmatismo, y menos Pierce: no creo que la mente y el universo estén necesariamente en armonía, siendo la primera un producto azaroso del segundo. En la búsqueda de la creencia capaz de hacernos asumir riesgos, el saber claro y distinto, el conocimiento inmediato del contacto con la cosa me generan bastante poco confianza, pero no por ninguna posición teórica, sino por la experiencia. Que la Tierra sea esférica o que la probabilidad de que en una fiesta de 23 personas, dos de ellas tengan la misma fecha de cumpleaños sea del 50% me dice que mis intuiciones me pueden engañar. La lógica y las matemáticas ofrecen herramientas que ayudan a superar algunos errores. Nada más.

 

No sé si soy buen o mal escéptico, pero me inclino a pensar que soy de los malos. No hay certezas. No puede haberlas. Lo único que podemos es establecer teorías provisionales, hipótesis que nunca podrán ser probadas, y luego vivir con ellas como si supiésemos algo. La posición fenomenológica es una posición metafísica como cualquier otra de las que privilegian una forma de entrar en contacto con la verdad. No soy racionalista porque no hay razón para pensar que nuestra mente pueda, por sí misma, conocer la estructura de la realidad. Pero creer en la posibilidad de entrar en contacto directo con esa misma realidad a través del fenómeno me parece igualmente fantástico.

 

¿Mi postura metafísica? El caos. Es la alternativa menos exigente. Su ontología es mínima. Y en el caos cabe todo, hasta la aparente burbuja de orden en la que vivimos. Naturalmente, no tengo razones para creer en el caos: se trata, como digo, de una posición metafísica, y no apostaría mi vida por ninguna. Antes se impondría mi fe animal… supongo

Por otra parte, tenemos una mente y un aparato sensorial que nos muestran un mundo con interesantes regularidades. Es apasionante estudiarlas, como es apasionante estudiar si esas regularidades están realmente en la cosa o son producto de nuestra mente, una simplificación necesaria para navegar en un mundo complejo.

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